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viernes, 9 de septiembre de 2016

La democracia no paga sus deudas y Latinoamérica ya la cuestiona.








La confianza interpersonal en América Latina se mantuvo en uno de los puntos más bajos de los últimos 20 años alcanzando apenas a 17%, valores sólo sequiparables a 2007 y 2000, cuando alcanzó 17% y 16%, respectivamente, informó Marta Lagos, Directora Fundadora de Latinobarómetro, al presentar en Ciudad de Buenos Aires, los resultados de la encuesta Latinobarómetro 2016. En lo que se refiere a la confianza en instituciones, se registran caídas respecto a 2015 en casi todos los organismos públicos, con excepción de las fuerzas armadas y la policía. En tanto, la confianza en la institución electoral cayó de 44% a 32%; en el gobierno pasó de 33% a 28%; en el Poder Judicial de 30% a 26%; en el Congreso de 27% a 25% y en los partidos políticos cayó 3 puntos porcentuales, de 20% a 17%. El orden aparece como un factor clave desde 2004 a la fecha: el 48% de los latinoamericanos demandan orden a costa de la disminución de las libertades individuales. Hay 10 países de la región donde hay una clara demanda de orden por sobre la demanda de libertad. Hay sólo 5 países donde hay más demanda de libertad que de orden, y 3 países donde la demanda de ambos es similar. En tanto, el apoyo a la democracia no repunta por 4to. año consecutivo, llegando a 54% en 2016, e incluso bajando 2 puntos porcentuales desde 2015. También disminuyó la satisfacción con la democracia, de 38% en 2015 a 34% en 2016. En el caso de la evaluación de los medios de comunicación, un 68% de los latinoamericanos opina que estos hacen un buen o muy buen trabajo, sobre el 25% que señala lo contrario. En Brasil y República Dominicana quienes opinan que los medios hacen un buen trabajo supera el 80%, mientras que en México (51%), Venezuela (52%), Chile (54%), Argentina (56%) y Perú (56%) la evaluación se ubica por debajo del promedio regional.


la evaluación se ubica por debajo del promedio regional.




La democracia no paga sus deudas y Latinoamérica ya la cuestiona
Escepticismo es la moneda de curso legal en Latinoamérica.
N. de la R.: Urgente24 se ha referido en varias ocasiones a la deuda tan abultada como creciente que la democracia acumula con las sociedades latinoamericanas, tal como es el caso de la Argentina. La democracia no consigue satisfacer expectativas muy concretas de los ciudadanos acerca de la salud pública, la educación pública, la seguridad pública y la movilidad social tanto individual como colectiva. La situación se confirma en cada trabajo anual de Latinbarómetro durante los 4 años más recientes. Todavía no es hastío sino decepción pero tampoco aparece la urgencia por resolver ese pasivo. Ahora, si no hay un sistema de gestión de la sociedad más benigno que la democracia, ¿qué sucede que no consigue satisfacer a los ciudadanos? Aparece otro problema: la crisis de la escala de valores de los individuos y de la sociedad. Hay distorsiones, confusiones, hipocresías y mentiras que corrompen a la democracia, que no puede hacerse cargo por las otras decisiones que toman los individuos y su conjunto.
Aquí un fragmento del trabajo de Latinbarómetro acerca del deterioro de la confianza en la democracia como el contexto donde resolver las inquietudes y necesidades:
A mediados del 2015 se publicó un libro editado por Larry Diamond y Marc Plattner sobre el estado de las democracias en el mundo, titulado “El declive de la Democracia”. ¿Por qué las democracias de la tercera ola tienen tan bajo desempeño?, se preguntó. Su análisis es crítico. ¿Se ha estancado el proceso de consolidación de estas democracias o hay un retroceso de estas? Recientes acontecimientos, como el intento de golpe de Estado en Turquía, constituyen evidencias de un retroceso.
La pregunta que surge es entonces: ¿Cómo América Latina se incorpora en este escenario de declive de las democracias de la tercera ola? Más allá de las conclusiones del propio libro, ¿qué dicen los ciudadanos? ¿Hay un declive de las democracias?
En su edición de este año, Latinobarómetro 2016 ha indagado sobre los aspectos centrales de este proceso: las actitudes hacia la democracia, a través de una batería de preguntas que se realizaron sobre el autoritarismo y reportan en este informe.
En primer lugar, se observan la economía, su impacto en la política y las expectativas. Tal como se analizó en 2015, el fin del súper ciclo económico generado por los altos precios de las materias primas produjo cambios importantes en la percepción de los latinoamericanos. Se estima que el crecimiento del PIB de América Latina tendrá en 2016 una contracción de -0,8%, arrastrado por el desempeño de la economía de China y, a nivel local, de Brasil y Venezuela, que según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) caerán este año en torno al -2,5% y -8%, respectivamente.
(...) En el informe 2015 se apuntó el fin del hiperpresidencialismo. Hoy la dinámica es diferente, con una hiperparticipación, en que los ciudadanos salen a las calles a protestar y exigir sus derechos. Las democracias han empoderado a los ciudadanos y estos se lo han tomado en serio. Hoy defienden sus derechos a todo evento.
Quizá el caso más emblemático al respecto es el de la Presidenta Michelle Bachelet en Chile, que culminó en 2010 su primer mandato con un 80% de apoyo y en 2014 inició una segunda presidencia, pero en una coyuntura diferente. Asume el segundo mandato con un ambicioso programa de reformas, justo al finalizar el ciclo de altos precios del cobre, que financia la economía chilena, y se contrae el PIB de los países de la región. Esto redujo los recursos disponibles para reformas que terminaron siendo incomprendidas por las mayorías. Se suma el destape del financiamiento ilícito de la política y un escándalo en que está involucrado su hijo.
Todo lo anterior se conjuga en que a dos años del inicio de su segundo gobierno, Chile atraviesa el momento más crítico de su desarrollo político desde el inicio de la transición en 1990, La misma mandataria que en el primer período llegó a la cima de popularidad, hoy alcanza un piso inédito de índices negativos. Son los signos de estos tiempos: nada está garantizado, el pasado no cuenta y como gobernante hay que ganar cada día.
El fenómeno no es extraño. Latinobarómetro ha reportado la baja confianza interpersonal, así como la escasa confianza en las instituciones de la democracia que se viene manifestando desde que este informe comenzó sus mediciones en 1995. Ahora el déficit de confianza está ocurriendo en un momento donde se mezclan las bajas perspectivas económicas con la región con las altas demandas de los ciudadanos hacia los gobiernos. Se trata de una combinación que se observa por primera vez.
Se podría decir que ningún mandatario latinoamericano cuenta hoy con capital político acumulado para gastar. En el lustro virtuoso de 2003 a 2008, había al menos 9 mandatarios con amplio
capital político y elevados niveles de aprobación. El fenómeno se repite en los países y no es posible descartar, por tanto, que continúe replicándose en aquellos donde aún no ha presentado.
Es probable que las redes sociales y el inmediatismo de Internet estén relacionados con este sentido del tiempo, donde el pasado parece no existir. Lo que sucedió hoy en la mañana ya es añejo en la tarde, y la gente busca ansiosa lo que sigue. La velocidad del mundo ha cambiado, pero no así la celeridad de la política, que transita al mismo paso cansino de antes. Esta disparidad produce impaciencia y frustración, y los movimientos y protestas sociales están relacionados con este malestar y la velocidad de los cambios.
Lo que 5 años atrás era tolerable, hoy no lo es. Las personas aspiran, sobre todo, a que haya soluciones concretas para problemas concretos, y que se apliquen de inmediato porque no está dispuesta a esperar las soluciones prometidas para pasado mañana.
Los partidos, la política y la visión que los ciudadanos tienen de sus gobernantes están mucho más condicionados a los resultados y ventajas que cada uno puede obtener de la democracia, y cada día menos a la ideología y pertenencia a un conglomerado determinado.
La izquierda y la derecha siguen existiendo, pero su incidencia en lo que sucede es cada día menor.
Los gobiernos son elegidos con los votos del centro, que una vez votan hacia un lado y en la oportunidad siguiente hacia el otro.
No es efectivo que América Latina sea una región ideologizada donde cambian las olas de personas, que una vez se inclinan a la derecha y otra a la izquierda. Estas se han mantenido bastante estables durante las últimas dos décadas, a pesar que las ofertas políticas en los países pueden generar una impresión diferente.
Brasil
En 2016, Brasil sufre la segunda crisis política más importante desde su regreso a la democracia, después que la Presidenta Dilma Rousseff fue suspendida de su cargo en mayo de 2016, asumiendo su vicepresidente Michel Temer, mientras se procedía a enjuiciarla para destituirla.
El 31 de agosto de 2016 Dilma Roussef es destituída como presidente ausmiendo Michel Temer como presidente el resto del período presidencial. Con Dilma Rousseff suman 14 los presidentes de América Latina que no han podido terminar su mandato.
Brasil sufre simultáneamente con esta crisis política su peor momento económico en los útlimos 25 años con una recesión. La recuperación política de Brasil está intimamente ligada a su capacidad del sistema político de avanzar en la lucha contra la corrupción.
Sin duda, la situación de Brasil marca a toda la región, no solo porque es el país más grande, sino el más poderoso y el único que, desde América Latina, se codea con las potencias mundiales.
Pero la enfermedad de la corrupción no es exclusiva de Brasil y es difícil encontrar un país que no esté afectado por este problema, cuya importancia ha aumentado de forma considerable en varios países. De los datos de este informe es posible concluir que en aquellos países donde las personas perciben que se avanza en la lucha contra la corrupción existe una mejor apreciación de la democracia, en comparación con aquellos donde se percibe lo contrario.
La corrupción constituye un indicador muy importante para conocer la apreciación de la democracia. Esto es, por una parte, una buena noticia, porque implica que a menor corrupción más se apoya a la democracia, pero por otra, es una mala noticia, porque recién se están conociendo los niveles de corrupción con mayores detalles. La corrupción aflora por todo lados, incluso donde estaba aletargada y escondida. La democracia la ha traído a la primera página, desnudando sus problemas.
Apoyo a la democracia
Por 4to. año consecutivo el apoyo a la democracia no mejora, al registrar una baja de 2 puntos porcentuales desde 2015, llegando al 54% en 2016.
El apoyo a la democracia en América Latina tiene 3 puntos bajos en estos 21 años en que Latinobarómetro ha medido este indicador: la crisis asiática en 2001, cuando alcanzó el 48%; y en 2007 y 2016 con un 54%.
Al mismo tiempo, quienes se declaran indiferentes al tipo de régimen aumentan a su techo desde 1995, llegando al 23%, con 3 puntos porcentuales de aumento desde 2015. Mientras tanto, los que apoyan el autoritarismo alcanzan al 15%, un punto porcentual menos que en 2015. Se podría concluir que “el paciente está delicado con algunas recaídas”.
Después de 21 años en que hemos monitoreado el apoyo a la democracia, la situación es peor que al inicio. ¿Qué le pasó a la región además de entrar en un período de bajo o nulo crecimiento económico? ¿Acaso el ciclo económico impide que avance el proceso de consolidación de la democracia?
Los datos sugieren algo diferente puesto que el apoyo a la democracia aumenta durante la crisis subprime, en 2008 y 2009, cuando la economía iba en el sentido contrario y alcanza un punto más alto en 2010, con el 61%. Recién a partir de 2010 se produce una baja, lo que estaría indicando que la economía no es el único factor que incide.
Al mismo tiempo, se ha estudiado si acaso la democracia produce demócratas o no, y pareciera que se necesitan muchas pruebas y vivencias para producir demócratas. Es la existencia de un régimen democrático propiamente y su praxis cotidiana lo que produce demócratas. La evidencia de 18 países latinoamericanos refleja que, tal como funcionan las democracias en esta región, no han producido demócratas, al menos en la proporción que se requeriría para que el indicador del apoyo a este régimen político mejore. Es decir el recambio intergeneracional no aumenta el apoyo a la democracia, lo que parece aumentarlo es la evidencia de mayores grados de democracia que efectivamente se pueden experimentar y vivir.
Al mismo tiempo es innegable, en este momento, la relación entre el ciclo económico y el declive de la democracia, ya que coincide con la baja de la tasa de crecimiento a partir de 2010, que en 2016 llegaría a -0,8 según la proyección de la CEPAL.
Estos 2 hechos, la influencia del ciclo económico, y la debilidad de producir demócratas con el recambio intergeneracional, sino mas bien con evidencia dura, serían algunas de las explicaciones por las cuales no se avanza en la construcción de mayores grados de democracia en la región. Los datos que exponen a continuación en este informe entregan mas información al respecto.
Si esos dos factores son determinantes en el destino de la democracia, esto, a su vez estaría sugiriendo que no son los vaivenes ideológicos los que motivan más a los ciudadanos, sino más
bien la alta demanda de mayores grados de igualdad y libertad traducida en garantías cívicas y políticas, asi como garantías sociales.
Hay mucha evidencia que lleva a concluir que es la desigualdad, la discriminación, la inequidad social, política y económica, la determinante del comportamiento de los ciudadanos de la región, más allá de la ideología. En otras palabras la población de la región quiere refrigeradores, vacaciones, ingreso, acceso a oportunidades, voz, sentirse parte de un todo que les pertenece. Mas bien el descontento que se observa reside en que hoy la percepción de la ciudadanía es que no tienen voz, no tienen acceso, sus ingresos son precarios y bajos, y no alcanza para las vacaciones.
Esta región ha estado demasiado tiempo fijada en la importancia de la ideología en sus destinos, pero como prueba el Estudio Mundial de Valores, el grado de individualismo que ha traído consigo el desarrollo económico le quita el peso a la ideología y aumenta el peso de las demandas individuales, que no obedecen a un conjunto valórico nítido mas allá de la dignidad, y la ausencia de discriminación y desigualdad. En otras palabras esas aspiraciones han dejado de pertenecer a un sector y la democracia lo que ha hecho es convertirlos en demandas universales.
El indicador de apoyo a la democracia mas allá de su promedio tiene una enorme dispersión según el país que se mire. En efecto alcanza desde 31% en Guatemala hasta 77% bastante más del doble en Venezuela. Cada país ha mostrado una evolución consistente consigo misma a lo largo del tiempo, que se explica por la evolución de los fenómenos políticos de ese país. Sin embargo, al mismo tiempo, hay sucesos que se repiten en varios países sin importar el nivel/calidad que tenga la democracia en un país determinado.
Hasta la crisis asiática se pensaba que las crisis económicas tenían una influencia en el apoyo a la democracia como lo muestran los datos de cada país en esa época. La crisis financiera del 2008 probó lo contrario, porque las políticas económicas contracíclicas aplicadas en muchos países aplanan la cancha reduciendo, y también anulando el impacto de la crisis. Por otra parte sabemos que las elecciones presidenciales suelen producir un aumento de apoyo a la democracia que suele ser temporal, sólo un par de países logran tener aumentos sostenidos de apoyo a lo largo de éstos 20 años.
(...) Si se analiza la evolución del indicador apoyo a la democracia por país, calculando la variación del último año, se encuentran 5 países donde el apoyo a la democracia aumenta: Paraguay, Costa Rica, Panamá , Argentina y Honduras y uno en que no hay variación: México.
En realidad en los 5 países que aumenta, sólo uno tiene aumento significativo: Panamá que aumenta 11 puntos porcentuales. Esa es la excepción del año 2016. Costa Rica aumenta 3 puntos porcentuales con significancia estadística, y los otros 3 sin significancia estadística. Eso es lo mismo que sucede con otros 3 países: Bolivia Colombia y Guatemala, donde la disminución no es significativamente (estadísticamente).
Es decir hay 7 países donde no hay variación (incluído México).
En 9 países,sin embargo, hay disminución significativa estadisticamente, en 3 es leve y en 6 es acentuada.
Estos 6 paises con caídas bruscas en el apoyo a la democracia entre 2015 y 2016 son: Brasil, que cae 22 puntos porcentuales, Chile 11, Uruguay 8, Venezuela y Nicaragua 7 puntos porcentuales cada uno y El Salvador.
Uruguay ha sido históricamente el país de América Latina donde el apoyo a la democracia es más alto, por lo que esta caída abrupta llama doblemente la atención. En 2016 Uruguay alcanza su punto más bajo en el apoyo a la democracia en 21 años (68%). Habrá que mirar en detalle la evolución de ese país para comprender las causas de este fenómeno.
El caso de Brasil donde el apoyo a la democracia cae 22 puntos porcentuales es más fácil de explicar, ya que ese país esta sufriendo una crisis política de envergadura que abordamos mas adelante. La caída en el apoyo a la democracia en Brasil está ligada directamente a la lucha contra la corrupción y la crisis política.
En Chile se había producido un aumento del apoyo a la democracia con la alternancia en el poder que tuvo lugar en 2010, este aumento se había sostenido hasta 2015, cayendo abruptamete en 2016 11 puntos porcentuales. En Chile la caída del apoyo a la democracia está también ligada a la corrupción, se trata de los escándalos que comienzan a explotar particularmente durante el 2015 y que involucran a una parte importante de actores políticos y económicos.
Nicaragua tuvo un período de buen desempeño de su democracia en la época de Violeta Chamorro hasta 1997, como muestra el indicador alcanzando 68% al fin de su mandato. Luego la alternancia con Aleman llega a 72% el máximo que ha tenido Nicaragua en éstos 21 años. A partir del 2007 con la llegada de Daniel Ortega a la presidencia alcanza 61% para comenzar a disminuir desde entonces perdiendo siete puntos porcentuales entre 2015 y 2016.
Venezuela ha sido históricamente controvertido el indicador de apoyo a la democracia, ya que es uno de los países que tiene el indicador mas alto, especialmente a partir de 2008 donde alcanza cifras por encima de 80%. Este indicador alcanza su máximo el año de la muerte de Hugo hávez en 2013 con 87%. Entre 2015 y 2016, pierde 7 puntos porcentuales llegando al 77%.
En el caso del El Salvador la caída en el apoyo a la democrcia, de cinco puntos porcentuales entre 2015 y 2016 está causada por esta ola de violencia, donde se ha afirmado que ese país vive lá época de más violencia en el último siglo.
En 2016 la caída del apoyo a la democracia en América Latina o su estancamiento según el país, es evidente. Podemos sólo esbozar los motivos por los cuales esto sucede, pero en ninguno de los casos se trata de fenómenos pasajeros o de fácil solución. Se trata mas bien de una profundización de las demandas de mas democracia de los ciudadanos de la región.
Es la corrupción, la violencia, la inclusión, el acceso, la desigualdad que no logran controlarse y superarse. Los motivos del declive o estancamiento de la democracia son claros, los ciudadanos ya no aceptan lo que era aceptable hace diez años atrás. Porque la violencia, la corrupción, la desigualdad han existido siempre, son las taras de la región, sólo que ahora ya no son acpetables. Estos datos revelan así el peso de los factores políticos en el desarrollo de las democracias de América Latina.
on al final del día los líderes, política y sus formas, las que marcan la diferencia del estado de las democracias en la región mucho mas que el impacto de los factores económicos. (...)".
(...) Surgen nuevas interrogantes. ¿Significa que el cambio de gobernantes ya no genera las expectativas que producía hace una década, cuando después de cada elección se registraba un repunte del apoyo a la democracia? ¿Qué hay que hacer para sostener los aumentos de apoyo que se producen con la elección de mandatarios?
La baja en el apoyo a la democracia coincide con la baja en promedio de la aprobación que tienen los gobiernos en la región. La incidencia de los gobiernos ha cambiado sustancialmente en los últimos 10 años. Se han bajado de su torre de marfil para pasar a ser “simples mortales”. Esto ha terminado afectando a la democracia y su imagen.
Si se analiza el caso de Bolivia, uno de los países latinoamericanos en que se logran aumentos sustantivos en el proceso de consolidación en la percepción de los ciudadanos, se observa que en el período entre 2006 y 2009 aumenta el apoyo a la democracia sostenidamente, desde el 58% al 71%, situándose hoy en un 64%. La evolución del apoyo a la democracia en Bolivia no sigue el ciclo de las crisis económicas, sino que más bien obedece a los cambios políticos de inclusión y constitucionales que se llevan a cabo en ese país. Con todo, Bolivia está hoy como en 1996, año en que también logró un 64% de apoyo a la democracia. En otras palabras, mientras todo ha cambiado en Bolivia, la democracia no termina de consolidarse en estos 21 años a pesar de los logros obtenidos.
Esa pareciera ser la historia de la región: los logros del pasado, las reformas, las alternancias en el poder, las nuevas constituciones, no logran cambiar sostenida y sustantivamente el grado de consolidación de la democracia.
Es posible argumentar como explicación que mientras no se desmantelen las desigualdades no se logrará esta consolidación. (...)
Los contenidos de la palabra “democracia” puede que no estén cristalizados, ni sean iguales para todos, pero el término sí es muy claro para el 75% de la región. (...)
La satisfacción con la democracia
La satisfacción con la democracia es claramente un indicador de desempeño económico, cae desde el 38% en 2015 al 34 % en 2016, y viene disminuyendo sin pausas desde 2009, en una correlación bastante nítida con el deterioro del crecimiento desde 2010.
La correlación se aprecia más claramente al examinar los insatisfechos. La satisfacción con la democracia había aumentado desde su punto más bajo en 2001, durante la crisis asiática, cuando llegó al 25%, creciendo después hasta el 44% en 2009, reflejando también un período en que los ciudadanos gozaron de mayor prosperidad y los gobiernos tuvieron más aprobación. A partir de 2010 eso cambia y comienza a disminuir.
Este indicador de satisfacción es de desempeño, estrechamente relacionado al funcionamiento de los gobiernos, e históricamente ha sido inferior al apoyo a la democracia. Algo similar ocurre en Europa y en otras regiones del mundo, donde la satisfacción es siempre inferior al apoyo, generando los llamados “demócratas insatisfechos”, que son los ciudadanos que apoyan la democracia pero que no están satisfechos con su funcionamiento. En todo el mundo hay demócratas insatisfechos, mientras que el apoyo a la democracia varía según la región del mundo.
(...) Autoritarismo político
(...) El autoritarismo político se expresa en este indicador: “No me importa un gobierno no democrático si resuelve los problemas”. Este disminuye 6 puntos porcentuales en 8 años desde el 53% en 2008 al 47% en 2016. Sin embargo, todavía la mitad de la región piensa que vale la pena un gobierno no democrático para resolver los problemas.
En los 6 países de Centroamérica y República Dominicana el autoritarismo alcanza al 50% o más.
Esto es contradictorio con la democracia “churchiliana” que se examinó en la sección anterior, y revela mucho de lo que los ciudadanos de la región entienden por democracia.
Medidos con este indicador, los países más autoritarios son Honduras y El Salvador con el 62%, y en el extremo opuesto, el menos autoritario es Chile con el 29%. (...)".
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La encuesta Latinobarómetro, que se realiza desde 1995 en 18 países de la región, aplica muestras aleatorias representativas de la población de cada país y con un margen de error entre 2,8% y el 3,5%.
Ficha Técnica 2016: Se aplicaron 20.204 entrevistas cara a cara en 18 países entre el 15 de mayo y el 15 de junio de 2016, con muestras representativas del 100% de la población nacional de cada país, de 1.000 y 1.200 casos cada uno, con un margen de error de alrededor del 3%, por país (hay una ficha técnica por país).
A la fecha, se han realizado 19 olas de mediciones con un total de 354.268 entrevistas. Para esta edición 2016, el estudio recibió el apoyo de organismos internacionales y gobiernos: BID (Banco Interamericano de Desarrollo), INTAL (Instituto de Integración de América Latina), CAF (Banco de Desarrollo de América Latina), el gobierno del Reino de Noruega y Transparency International.